HACE DIEZ AÑOS...
Por Gustavo Fernández
· En 1995 la Alianza Cooperativa Internacional (ACI) renovó y ratificó los principios y valores cooperativos que hoy nos inspiran.
La palabra “recordar”, en su origen etimológico más puro, significa “volver a pasar por el corazón”. Al menos así lo afirma el escritor uruguayo Eduardo Galeano, y yo quiero creerle, aunque mi diccionario de latín clásico le refute.
Este enfoque, sentimental y poético, le confiere al término una nueva dimensión: recordar no es un mero acto racional de la memoria, es también una vivencia que a lo largo de nuestras vidas, nos hace conjugar un mismo pasado de múltiples maneras.
Hoy, a 10 años de que la Alianza Cooperativa Internacional ratificara los principios y valores cooperativos, resulta necesario “volver a pasar por el corazón” su significado y resemantizarlo a la luz de las urgencias de la época.
Muchas lecturas sobre los diez valores y los siete principios propuestos por la ACI en 1995 pueden formularse. Así, procurando “recordar” el espíritu del momento sin desprenderme del entorno presente, voy a ensayar mi perspectiva.
En primera instancia estimo que decir “cooperación” es ubicarse desde un plano reivindicativo. La cooperación humanista que nuestro movimiento defiende, con la impronta de la dignidad y la democracia, es la defensa de un modelo alternativo de sociedad centrado en la persona.
Desde esta lógica, los valores y principios cooperativos no solo tienen la fuerza de guiar la convivencia de una colectividad organizada, para satisfacer necesidades socioeconómicas. Se erigen además como un recurso ético y cultural para expresar que la realidad humana puede ser diferente.
Quizá no hemos sido capaces de atesorar el enorme aporte filosófico que el cooperativismo le ha dado al mundo. Por ello conviene, hoy más que nunca, “volver a pasar por el corazón” dicha herencia histórica y sentirla viva en miles de ejemplos y experiencias prácticas.
Aunada a esta vocación reivindicativa que a mi juicio el cooperativismo cobija en tiempos tan convulsos, se suma un visión renovadora, tanto en el nivel empresarial como en el doctrinario.
Ya sabemos que muchas empresas cooperativas luchan, día a día, por competir en mercados cada vez más exigentes. Para ello se ven obligadas a remozar sus prácticas productivas, es decir, a impulsar cambios significativos.
Los principios y valores, a su vez, deben ser repensados pues nunca surgieron para estar escritos en piedra.
A este respecto soy partidario de no invocar, exclusivamente, diez valores y siete principios. Pienso que la filosofía cooperativa es más que una suma de enunciados; es la expresión de un modelo integral cuyo planteamiento ideológico debe ser claro, pero no restrictivo.
En otras palabras, el brazo cooperativo no llega hasta donde señala (explícitamente) la declaración de Manchester. Dicho pronunciamiento debe interpretarse, más bien, como un llamado a actuar humanamente, bajo esquemas justos y solidarios.
A fin de explicarme mejor, el viejo filósofo Inmanuel Kant nos legó un imperativo ético muy lúcido: “actúa de forma tal que el producto de tu acto pueda ser considerado ley universal”.
Con ello Kant, en lugar de ofrecer un listado (siempre insuficiente) de normas morales, nos ofreció una estrategia reflexiva, para obrar en cada momento. Lo que el filósofo nos dice es que si nuestra acción es buena, podrá ser considerada correcta (y repetible) en cualquier parte del mundo.
Tenemos entonces, un cooperativismo que a lo interno no solo debe ser capaz de redefinirse y repensarse, sino que a lo externo expone (reivindica) un modelo de desarrollo diferenciado del esquema depredador imperante.
Por ello, al celebrarse el décimo aniversario de la declaración de Manchester, debemos “recordar” las ideas propuestas desde una óptica dialéctica, con plena vigencia pero abiertas al cambio; con el concurso comprometido de la mente... y del corazón.
