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Discurso del Dr. Oscar Arias Sánchez, con motivo de la Clausura de la Semana Nacional del Cooperativismo

 

(Edificio Cooperativo, 26 de abril del 2008)

 

Buenos días amigas y amigos cooperativistas.

 

Quiero empezar conmemorando en esta ocasión las hermosas palabras del apóstol  San Lucas: “No es buen árbol el que da malos frutos, ni árbol malo el que da buen fruto, porque cada árbol se conoce por sus frutos, pues no se cosechan higos de los espinos ni de la zarzas se vendimian uvas”.

 

Quienes conocemos al movimiento cooperativo lo conocemos, casualmente, por sus buenos frutos, por guiar a Costa Rica por la senda del crecimiento económico con justicia social, por inspirar el éxito de muchos de los sectores productivos del país, por sumar entre sus filas a más de un cuarto de la población costarricense de manera directa e indirecta. Pero quienes conocemos al movimiento cooperativo lo conocemos también por su forma de cosechar. Sabemos que en la abundancia de sus valores y en la firmeza de sus principios no hay espacio para que crezcan los espinos de la indiferencia ni las zarzas de la discordia.

 

El movimiento cooperativo nacional ha probado ser desde su nacimiento una de las mejores vendimias  que en su vida ha recogido Costa Rica. En efecto si revisamos el curso de la historia, nos daremos cuenta que el movimiento cooperativo nacional ha labrado una hoja de vida colmada de victorias y vacía de derrotas.

 

Desde sus comienzos, la alta plusvalía social y económica que el cooperativismo representa para seguir construyendo un mejor futuro para todos los costarricenses, fue ampliamente reconocida por muchos de los grandes hombres y mujeres de nuestra querida Costa Rica.

 

Uno de ellos, Monseñor Víctor Manuel Sanabria, afirmó a inicios de la década de los 40 que las cooperativas son la mejor instancia organizada para solucionar los problemas económicos y sociales más graves de los sectores populares en un marco de armonía social.

 

 

Dichosamente la voz de Monseñor Sanabria no solo alcanzó los pasillos de la Asamblea Legislativa de aquel entonces que reconoció por primera vez el cooperativismo en nuestra legislación laboral, sino que también llegó a nuestros campos y a nuestros hospitales; a nuestras empresas y a nuestras escuelas donde miles de agricultores, de enfermeras, médicos, operarios, maestros, atendieron al llamado de la solidaridad y de la cooperación para fundar, entonces, las primeras cooperativas en nuestro país.

 

Más de sesenta años después podemos afirmar sin lugar a dudas que esa solidaridad y esa cooperación se ha  multiplicado gracias al trabajo de todos ustedes. La razón de ello es tan simple como indiscutible: el cooperativismo es bueno para todos, es bueno para Costa Rica.  Puedo asegurar, con certeza, que algunas de las objeciones que se le pueden hacer al cooperativismo son prácticamente inexistentes. En todo caso si este movimiento llegara a fracasar en algún país no sería por sus fundamentos, sino por sus agremiados. Ese no es el caso del movimiento cooperativo costarricense.

 

Su exitosa labor es incuestionable, pero es ante todo un bien. Hoy atestiguamos con sagrada convicción que el cooperativismo ha sido bueno para el país pero sobre todo ha sido bueno para el pueblo de Costa Rica, para nuestros empresarios y nuestros empleados, para nuestras instituciones y nuestros funcionarios públicos, para nuestro desarrollo humano, pero sobre todo para nuestro crecimiento económico con justicia social. Y esto es así porque los frutos del árbol del cooperativismo no solo alimentan a quienes menos tienen sino también a quienes teniendo poco, pueden producir más.

 

Pero tal vez muchos de ustedes se estarán preguntando de donde proviene la extraordinaria especie del árbol del cooperativismo que ha contribuido rigurosamente al crecimiento social y económico de nuestro país. Proviene también de una extraordinaria semilla,  de la misma semilla que sembró hace cientos de años un grupo incansable de soñadores allá en la vieja Inglaterra; y de la misma semilla que ustedes han estado sembrando como los mejores agricultores del cooperativismo de nuestro país.

 

Sin embargo, como lo acabo de decir, para que la semilla pueda germinar llena de la sabia verde de la vida, requiere de alguien que la cuide y también de una tierra fértil  en la cual pueda empezar a brotar. Esa tierra se llama Costa Rica y desde el gobierno estamos trabajando en hacerla más fecunda para los sueños de los costarricenses y particularmente para los sueños de ustedes los cooperativistas de todo Costa Rica.

 

Siempre he apoyado la agenda de desarrollo del movimiento cooperativista y siempre  he apoyado a las cooperativas que se dedican a brindar los servicios de salud, como ustedes,  por ejemplo,  fundados casualmente en mi primer gobierno en el año de 1987. También a las cooperativas de ahorro y crédito y abastecimiento de agua, de turismo rural, de trabajo o autogestión y de generación de energía eléctrica entre muchas otras.

 

 

Recientemente, hace ya solo unos pocos días tuve el privilegio de estar en la inauguración de la nueva central hidroeléctrica de Canalete, la cual es el producto del esfuerzo y la visión cooperativa de Coopeguanacaste.

 

Siempre he apoyado al movimiento cooperativo porque el movimiento cooperativo ha aprendido a apoyarse a sí mismo. Primero el año pasado antes de que celebráramos el primer referéndum de nuestra historia les dije que no tenían de qué preocuparse porque el gobierno se encontraba conciente de sus necesidades. Estábamos enteramente decididos a darle las herramientas para que sus sueños pudieran estar a la altura de los tiempos en que nos toca vivir hoy. Les traigo las herramientas: convertir en realidad esos sueños. Se trata, pienso de dos herramientas fundamentales para que la familia cooperativista pueda seguir creciendo aquí y más allá de nuestras fronteras.

La primera es que ya vamos a pasar la página del Tratado de Libre Comercio al aprobarse las leyes de implementación. Todo parece indicar que finalmente vamos a poder pasar esa página. También les vengo a decir que, de la misma manera,  el miércoles pasado sancioné la ley de la Banca para el Desarrollo. Esta ley es un esfuerzo conjunto entre el Poder Ejecutivo y la Asamblea Legislativa que encontró el apoyo de todas las tendencias políticas ahí representadas.

 

Con esta ley pretendemos asegurar que los  bancos y las entidades financieras no solo sean un factor determinante en nuestro desarrollo económico sino también y sobre todo en nuestro desarrollo humano. A partir de ahora serán más los miles de agricultores, artesanos, microempresarias jefas de hogar y cooperativistas que podrán ver crecer sus negocios fuertes como un roble, sembrando la semilla del cooperativismo en las tierras de los más diversos sectores de la economía nacional.

 

El movimiento cooperativo nunca ha puesto excusas para dejar de aportar al desarrollo de nuestro país y ahora contará con dos valiosas herramientas para seguir cosechando los más asombrosos frutos que son los que nuestros ojos todavía no conocen, queridas amigas y amigos cooperativistas.

 

Inicié recordando las hermosas palabras del apóstol San Lucas y quiero terminar con otro de sus mensajes: “el hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno y el hombre malo del mal tesoro de su corazón saca lo malo, porque de la abundancia del corazón habla la boca”.

 

No voy a arrogarme el título de hombre bueno o de hombre malo, soy simplemente un hombre que ha dedicado gran parte de su vida al servicio de este país. Estoy seguro que hasta el momento he sido fiel con las promesas que le hice a todos los costarricenses. No quiero, sin embargo dejar pasar la oportunidad para decirles con la boca lo que abunda en mi corazón sobre el movimiento cooperativo nacional.

 

 

Siempre ustedes me han acompañado. Me acompañaron hace más de 20 años cuando simbólicamente subieron conmigo los ocho peldaños de La Catedral, me acompañaron durante la pasada campaña electoral cuando compartieron conmigo sus preocupaciones y discutimos sobre la mejor manera de superar los obstáculos que frenan el desarrollo del país. Por esas razones, lo menos que puedo hacer es agradecerles, agradecerles  mucho y es por eso que he querido compartir con ustedes  estando aquí  en esta clausura de la Semana Nacional del Cooperativismo.

 

Guardo la esperanza que debajo del sol de la próxima primavera nuestros hijos puedan recoger de la mano del movimiento cooperativo la vendimia de sus sueños hechos realidad.

 

Muchísimas gracias y muchas felicidades a todos ustedes.

 

 

 

 

 

 

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